HASTA EL AÑO QUE VIENE
La imagen del Rey Melchor sirve para plasmar la despedida a unas intensas fiestas navideñas rodeadas, como siempre, de reencuentros y felicitaciones, compras, copiosas comidas y cenas a pesar de la crisis, y de buenos deseos para todos que, quizás, en pocas horas se habrán olvidado.
Un altísimo porcentaje de nosotros consideramos como lo mejor de las fiestas la atención que prestamos a los amigos y la familia, especialmente a los más pequeños, y en esa línea la celebración de la fiesta de Reyes ha vuelto a ser un hecho destacado.
La llegada del Embajador Real volvía a sacar a la calle a muchas personas con el inicio del año, y la bajada de Bolón con cientos de antorchas cumplía una tradición única no exenta ,por cierto, de polémica sobre la conveniencia o no de su masificación.
Después , la Cabalgata ha vuelto a alcanzar un notable alto por su participación, su puesta en escena y hasta su agilidad, que en noches como ésa se agradece; en el capítulo del debe, que también lo hay, cabe destacar el tamaño excesivo de algunas de las carrozas, sobre todo ante su escaso contenido, con maniobras complicadas en determinadas esquinas del recorrido.
Otro momento destacado de estas pasadas fiestas, además de acontecimientos deportivo-solidarios y eventos musicales, ha sido la San Silvestre en el plano positivo con una participación amplia y variada de cientos y cientos de vecinos de Elda y de otras poblaciones próximas que sigue batiendo récord de inscripciones, aunque a la hora de correr no estén todos los que son.
Pero también hay fiascos en las celebraciones que conviene recordar para el inmediato futuro que, en este caso, se han concentrado en un lugar tan propicio para celebraciones como la Plaza Mayor.
Es cierto que la climatología deslució notablemente el primer día dedicado a Navidella con una lluvia que hizo difícil que los niños disfrutaran de las escasas atracciones que estaban previstas; sin embargo, lo que deslució, a juzgar por muchos comentarios, el segundo día de esa feria navideña fue el que se hiciera compatible con esa muestra de arte y antigüedades que allí se organiza los últimos domingos del mes.
También la Plaza Mayor iba a ser el escenario de una fiesta de Nochevieja que esta ciudad necesita y merece, como ocurre en otras poblaciones, pero organizada y pensada con menos precipitación y más previsión ante, por ejemplo, una situación climatológica adversa.
Los últimos años, con excusas peregrinas y hasta contradictorias, se
ha intentado justificar la falta de una fiesta pública para despedir el año, hasta que, hace escasos días, una asociación comercial la anuncia como iniciativa propia sin suficiente publicidad y , por lo visto, menos previsión, a pesar de que el equipo de gobierno se subió al carro dándoles sus bendiciones.
Cuatro gotas bastaron para frustrar el evento.
Y es que si se hace, háganlo bien; hay un año por delante.