LA IMAGEN : ESPERANDO EN LA CALLE
El servicio de atención al público que tiene Iberdrola en Elda presenta en demasiadas ocasiones este aspecto e , incluso, peor, sin que parezca importarle a nadie.
Los usuarios del mencionado servicio, que realizan dos personas porque una tercera se dedica a otras labores que no son las de atender al público, está situado en un pequeño local, insuficiente para la cantidad de personas que acuden a él que, no tienen más remedio, que permanecer en la calle.
Haga frío o calor, haya sol o lluvia, los consumidores de Iberdrola deben soportar una espera media en tiempos de consultas y reclamaciones, como ahora ocurre, si hay suerte, de más de una hora.
Los sufridores consumidores lo mismo deben soportar y estar atentos a la cantidad de vehículos con los que, en muchos momentos, comparten calzada, que están obligados a aguantar el olor de los contenedores de un establecimiento cercano.
Por no haber, no hay siquiera un expendedor de números que, al menos, facilitaría esa espera y no daría lugar a las confusiones propias de quien da o recibe el turno de palabra.
Un servicio impropio , sin dudas, de cualquier población y por supuesto, ridículo para una ciudad con el volumen de gestiones y consultas que puede registrar ésta.
Un servicio al que muchos acuden, por cierto, después de haber intentado horas y horas solucionar algún problema a través de esos teléfonos de atención al cliente que, con musiquitas y grabaciones robotizadas, te dejan colgado minutos y minutos para decirte, después, que los operadores están ocupados y las líneas saturadas.
Y no son gratuitos, precisamente.